Zipolite es un ente vivo. Un pueblo de apenas 1,500 habitantes que, durante una semana al año, se ve desbordado por más de 7,000 visitantes. Su geografía se transforma, sus servicios colapsan y su esencia se pone a prueba.
Este 2026, el Encuentro Nudista no solo desbordó su capacidad hotelera, sino que también puso en jaque su propia definición. Es innegable que el movimiento nudista ha sido el gran arquitecto del Zipolite moderno. Pero el éxito trae consigo preguntas incómodas. Algunos de los compañeros de la comunidad más antiguos observan con nostalgia la playa permisiva, libre y casi virgen que conocieron. Otros visitantes, disfrutan de un destino consolidado, con fiesta, comunidad y servicios. La pregunta es: ¿pueden coexistir ambas almas?
La edición 2026 nos ofreció una respuesta compleja. La decisión de centralizar las actividades en un hotel, si bien brindó un perímetro de seguridad e intimidad para los primerizos, fragmentó el espíritu colectivo. Al haber menos eventos organizados en la arena, la playa, nuestro territorio común, quedó más expuesta a las corrientes externas. A otras comunidades, a otras dinámicas y en general dejó de ser nudista para convertirse en un mix de opciones.
Parte 1