Hay historias que no empiezan con grandes discursos, sino con un pequeño acto de valentía: sentarse en una mesa, con un café enfrente, y atreverse a ser una misma. Así comenzó todo en 2025, en aquella primera reunión de mujeres nudistas en octubre. Elegimos un espacio público, céntrico, casi cotidiano… porque sabíamos que la confianza no se impone, se construye despacito, como quien se quita una capa a la vez.
Desde ese encuentro inicial algo hizo clic. No solo decidimos repetirlo cada mes, también sembramos la idea de un grupo autogestivo, sostenido por nosotras mismas. Y aunque el rumbo se ha ido descubriendo sobre la marcha, hay nombres que han sido brújula en este proceso: Karla López y Catalina Azucena, sexólogas y profesionales de la salud que conocí en el Día al Desnudo. Junto con Blanca y conmigo, hemos tejido una red donde cada voz suma, donde cada experiencia abre camino para la siguiente.
Hay principios que se han vuelto el corazón de este espacio. Es accesible, pensado para que ninguna se quede fuera; es seguro, porque es solo de mujeres, un respiro necesario frente a tantos espacios donde el juicio o el acoso frenan la curiosidad; y es consciente, porque cada actividad está diseñada para quienes apenas están explorando su relación con la desnudez, con el cuerpo, con la libertad. Aquí no hay prisa, no hay exigencias, solo acompañamiento.
Hoy, lo que empezó como una reunión tímida ya late como comunidad. Organizarnos no es sencillo, pero cuando al menos ocho mujeres sostienen con ganas y compromiso, la magia ocurre. Nuestra agenda crece, los temas se construyen entre todas y cada encuentro confirma algo poderoso: cuando las mujeres crean sus propios espacios, no solo se encuentran… se transforman. 🌿