Bacalar no era un espacio nudista… y eso se sentía distinto.No era miedo, tampoco era culpa. Era otra cosa más fina: una incomodidad que aparecía como señal, como un límite vivo que me pedía estar más atenta.
El cuerpo no se soltaba igual. Dudaba. Observaba. Se contenía un poco… y en esa contención también había presencia. No todo momento era para desnudarse, no todo espacio pedía lo mismo. Y aprender a escuchar eso también es parte del camino.
Desde fuera, tal vez solo era una sesión de fotos.Desde dentro, era una práctica constante de conciencia: entender que la libertad no siempre es expansión… a veces también es saber cuándo no. 🌿✨