En la primera parte conté que para intentar abrir una comunidad lo más importante es encontrar personas interesadas. Pero ¿dónde reunirlas?
Cuando no conoces la ciudad, no tienes una casa amiga ni un espacio de confianza, toca buscar un lugar que cumpla tres condiciones básicas: privacidad, seguridad y tranquilidad. Puede ser un hotel, una cabaña, un salón o cualquier espacio donde nadie tenga que estar vigilando la puerta ni preguntándose quién observa desde afuera.
Comencé a buscar en Airbnb una casa independiente, privada y con un costo que pudiéramos dividir entre tres personas. También debía tener margen para recibir a tres invitados más, por si el pequeño encuentro crecía.
Así apareció Casa Girasol, en Isla Aguada.
En Ciudad del Carmen ya había conversado con dos chicos del chat. Ambos habían mostrado interés y respondían con claridad cuando les preguntaba por qué querían pertenecer a una comunidad nudista. Todo parecía encaminado, pero ninguno llegó a la reunión.
Eso también forma parte de este trabajo. Hay personas que preguntan durante meses, se entusiasman, prometen asistir y, cuando llega el día, desaparecen del mapa. No siempre es falta de interés. A veces son los nervios, el miedo o simplemente ese último paso que cuesta mucho más cuando no conoces a nadie.
Por fortuna, alguien sí llegó.
Era una persona de la ciudad de Campeche a quien yo había conocido días antes, durante mi paso por Mérida. Él tampoco conocía Isla Aguada, así que los dos llegamos con la misma curiosidad y pocas certezas. Compartimos la casa, el recorrido, las conversaciones y después buena parte del camino hasta Mérida.
Su nombre es Fernando.
Lo que comenzó como una pequeña reunión en una casa rentada terminó convirtiéndose en algo más importante. Fernando es hoy el enlace entre las comunidades de Tabasco, Campeche y Mérida.
A veces una sola persona basta para que valga la pena el viaje.
Abrir comunidad no siempre significa juntar a veinte personas en una habitación. A veces significa encontrar a alguien confiable, dispuesto a tender puentes y a sostener el hilo cuando tú regresas a casa.