Isla Aguada: la playa ideal
En Isla Aguada por fin conocí a los amigos texanos. Lo primero que hicimos fue reírnos de mi odisea del día anterior: terminé llegando hasta Villahermosa y, en esos desvíos, se quedaron pendientes las ruinas arqueológicas que originalmente quería visitar.
Nos instalamos en la casa con la esperanza de que apareciera alguien de la comunidad local. Ya casi a la medianoche llegó Fernando y, a la mañana siguiente, salimos temprano a recorrer la costa.
Terminamos en Playa Norte, una de las playas más bonitas que he conocido en México, solo detrás de Cozumel. Antes de bajar caminamos muy poco. Levantamos el dron para entender el terreno y confirmar lo más importante: no había nadie. Era viernes por la mañana, fuera de temporada, y la playa estaba completamente vacía.
Nosotros llamamos a eso nudismo a discreción. No buscamos que nos vean ni provocar una discusión innecesaria en lugares donde el nudismo todavía es desconocido. Preferimos encontrar espacios donde nuestra presencia pase desapercibida y todos podamos disfrutar la playa con tranquilidad.
El dron también nos ayudó a descubrir algo más. Aunque hay muchas construcciones cerca de la costa, varias están deshabitadas y no todas las playas son fáciles de alcanzar. En algunos tramos las rocas cubren el fondo y hacen complicado entrar al agua.
Por eso sentimos que habíamos tenido suerte desde el primer intento. El mar estaba sereno, casi sin olas, el agua era transparente y el único detalle era la enorme cantidad de conchas sobre la arena. Son preciosas, pero conviene caminar con cuidado porque una rota puede convertirse en una herida.
Nos quedamos un par de horas, hasta que el sol empezó a cobrar la factura. Recogimos nuestras cosas, seguimos el viaje hacia el hotel y, mientras buscábamos dónde comer, ya hablábamos de algo más grande que una playa bonita: si algún día regresábamos con un grupo, sabíamos exactamente por dónde empezar.