Instinto (Androide18/Gohan) C2
Capítulo 2!
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“Déjalo salir de nuevo bebé, ¡dámelo todo! ~” Gimió Dieciocho mientras montaba a su pareja como una perra en celo.
Aunque desde su primer “encuentro”, prácticamente se la había pasado siendo una perra en celo.
“¡No pares d-de moverte! ¡S-sigue así, Dieciocho!” Gritó Gohan debajo de ella, poseído. Sus manos sujetaban con mucha fuerza la estrecha cintura de la rubia, marcando cada salto que la mujer daba sobre su duro pene. Sudor caía por sus cuerpos, y cada vez que sus pelvis se encontraban un fuerte golpe se oía en aquella habitación, acompañado de sus gemidos.
Hacía más de dos meses que estaban así, follando como animales. Desde la primera vez ambos implícitamente habían acordado continuar teniendo sexo (casi) todo el tiempo. Eran adictos, adictos el uno al otro. A sus cuerpos, a la satisfacción y placer que sabían que sólo el otro les podía dar.
Esta vez habían tenido la decencia de hacerlo dentro en vez de al aire libre. Las paredes de la habitación retumbaban al compás de los movimientos de la rubia, que estaba decidida a llevar a aquel hombre -su hombre- al placer absoluto.
“¡Sabes que jamás haría eso, cariño!” Dijo entre gemidos, acercando sus labios a la oreja del Saiyan, “Siempre voy hasta el final~” susurró, relamiendo su oreja y acentuando cada palabra con movimientos lentos y lascivos.
Sus palabras erizaron la piel del muchacho, exactamente como ella lo esperaba. Tantas veces habían tenido sexo que ya conocían sus cuerpos a la perfección, y qué cosas podría llevarlos a la locura. Inmediatamente Gohan se puso de pie, cargando a Dieciocho.
“¡Ah! ¡Eso es! ~” Gimió Dieciocho, encantada.
Con presteza la rubia se aferró al muchacho. Sus uñas clavándose en su trabajada y musculosa espalda. Llenó de besos su cuello, y cuando sus cuerpos chocaron contra la pared mordió su cuello con lascivia.
Gohan gimió, pero siguió embistiendo a la androide como si su vida dependiera de ello. Sus manos se aferraban a los muslos de ella con tanta fuerza que su piel estaba marcada por él. Todo su cuerpo estaba marcado por él.
La idea de marcar a Dieciocho como suya encendía al pelinegro.
Aumentó el ritmo desaforadamente, ansioso de llegar a su orgasmo, al de ambos. Las mordidas y gemidos de Dieciocho le indicaban que estaba en su límite también, los susurros en su oído solo hacían que su sangre hierva más. Toda la casa temblaba a causa de ellos, pero no les importó.
Una pintura y una foto se cayeron al suelo, pero tampoco les importó. No iban a parar hasta el orgasmo.
“¡Gohan! ~”” Gritó Dieciocho en su oído, extasiada.
Sedienta buscó los labios del muchacho, devorándolo en un beso húmedo y lascivo. La rubia gemía y gemía en los labios del saiyan, sintiendo como el semen de su hombre la llenaba por completo.
Los fluidos de Dieciocho mojando su miembro lo volvían loco. Sentir el orgasmo de ella, verter su semen dentro de ella, le generaban un placer indescriptible. Era adicto a esa sensación. Como la rubia se retorcía en sus brazos y gritaba su nombre, alimentaba su ego y masculinidad.
Le dio unos segundos para que se recupere, pero no habían terminado. No todavía.
Gohan tironeó del cabello a la rubia, obligándola a arquear su cuerpo. Sus senos se veían y sabían muy rico, por lo que se vio tentado a devorarlos en esa posición. Nuevamente comenzó a penetrarla con vigor.
Dieciocho maullaba su nombre, sus senos eran particularmente sensibles.
Un poco de raciocinio volvió al Saiyan, que vio la hora en el reloj (que por suerte había sobrevivido a la catástrofe).
8:20 Mierda, se le había hecho tarde.
“De verd-dad debería i-irme” Dijo entre los senos de ella, pero aun así no cesó sus movimientos. “V-voy a llegar tarde, de nuevo.”
“No puedes dejarme todaví-ía” Respondió Dieciocho, acariciando el cuello del muchacho, su cuerpo se movía dulcemente con el de él, en armonía “S-solo lo hemos hecho dos veces…”
“Lo sé, no me voy a ir” Exclamó, aferrándose a la rubia y aumentando la velocidad. Su mano se movió hasta el vientre de ella y sus labios fueron hasta su oído. “No hasta que estés llena de mi semen…”
“Mounn~” Maulló la rubia, abrazándose a él.
“Este hombre… De verdad es único~” Pensó dieciocho, mirando al techo más que risueña.
Mientras Gohan le daba placer no pudo más que admitir que, para bien o para mal, todo el placer que el Saiyan le daba no se lo podría dar nada ni nadie. Jamás.
No que se quejara. Después de todo, Gohan era su juguete.
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Como ahora vivían a las afueras de Ciudad Satán, afortunadamente la universidad de Gohan estaba a diez minutos de distancia. Sin embargo, casi siempre llegaba tarde.
Dieciocho no se sentía culpable de ello, era un pequeño precio que él debía pagar para hacer que… lo que sea que tuviesen, funcionase.
Se habían mudado allí dos semanas atrás, luego de que Gohan (Por alguna razón que ella no comprendía) le contase a su madre que ambos se estaban… ¿Conociendo de la forma menos convencional y más carnal y lasciva posible? Sí, pero sin la parte carnal y lasciva.
Lo peor fue ver la rabia de su madre en persona. Porque -nuevamente-, por alguna estúpida razón, Gohan creyó que sería buena idea que ella estuviese presente. La peor parte vino de ella misma, que accediósin ningún problema a ello.
Tal vez Gohan le estaba afectando de manera negativa, tal vez su toma de decisiones empeoraba cuando se trataba del Saiyan.
Esa era una de las contras de Gohan, aun así, esa contra se veía eclipsada por los pros (Siendo uno de los más importantes el acceso ilimitado al cuerpo del muchacho).
Además, que el muchacho también tomaba decisiones malas para él, pero muy buenas para ella, lo que equilibraba aún más la balanza.
Otra contra clara era la madre del muchacho. Por los siete infiernos, qué mujer insufrible.
Cuando Gohan le contó sobre su… “relación”, la mujer puso el grito en el cielo. Miles y miles de reproches y quejas los inundaron. Que ella había sido una villana. Que había querido asesinar a Goku. Que era en parte androide. Que había estado (muy brevemente) con Krillin. Demonios, esa mujer sabía más de su vida que ella misma.
Dieciocho quiso -no tan literalmente- asesinarla cuando se metió con su pasado. Jamás se había interesado en Goku, tan sólo seguía a su hermano por diversión. ¿Villana? Su único acto puramente de maldad que recordaba fue -casi- asesinar a Vegeta, pero se lo merecía por ser un debilucho y bocón. ¿Krillin? Era tan pero tan insignificante que ni siquiera debería ni mencionarlo. Esa mujer le caía muy mal. No solo se metía con ella y tenía la voz chillona, sino que también usaba vestidos muy feos.
Antes de que pudiese responderle Gohan se le adelantó. Por suerte para todos los presentes.
Con pocas palabras pudo apaciguar un poco a su madre, pero aún se mostraba molesta y reacia ante ella. Cientos y cientos de preguntas les hizo, por suerte tuvo que responder muy pocas (y sus respuestas calmaron a la intensa madre).
También hizo varios pedidos que debían acatar para tener su “visto bueno”. Uno de ellos fue que Gohan asistiera a la universidad. Cosa que el muchacho aceptó sin ninguna queja. A la rubia la mudanza le importó poco, aunque ahora tenía menos horas de Gohan al día, al menos la casa era gigante y lujosa. Además, que estaba en una ciudad muy grande, por lo que podía comprar mucha ropa siempre que se le antojase.
Los dos siguientes pedidos iban de la mano. El primero fue que le dieran muchos nietos. El segundo fue que los tuvieran sí o sí luego de que se casaran.
¿Quedar embarazada de Gohan? Podría dar a luz sin problema a una docena de niños siempre y cuando su pareja sea respetablemente fuerte. Con gusto tendría hijos con el guerrero más fuerte del universo. Si fuese por ella, ya mismo estaría embarazada.
Casarse… No le generaba entusiasmo. De hecho, la idea de tener que usar un vestido blanco le molestaba. Aun así, si Gohan deseaba casarse con ella (o solo que usara un vestido blanco), seguramente aceptaría sin ningún “pero”.
Cualquiera podría notar que Dieciocho actuaba con más paciencia, y sus meras acciones o decisiones eran más humanas. No lo negaba, desde su primer encuentro con Gohan se sentía distinta. Completamente satisfecha, incluso podría decirse que era verdaderamente feliz.
Debido a la influencia de Gohan en su vida, Dieciocho ahora aceptaba cosas o costumbres humanas, mismas costumbres que en su momento la llevaron a hartarse de su otra pareja y ceder a sus instintos de máquina perfecta.
Pero no le preocupaba en lo más mínimo. Sus ambiciones seguían siendo gigantes, y todo esto solo era un paso hacia la dirección correcta.
Su pareja era el ser más poderoso del universo. Aunque no lo dominaba como en un principio le hubiese gustado, la verdad es que había subestimado al Saiyan. Tampoco es que él la dominase a ella, llevaban un claro equilibro en su “relación” desde el comienzo, y eso le agradaba mucho.
Vivían en la mejor ciudad, en la casa más grande y más lujosa. Tenían muchísimo dinero debido a la victoria de Gohan en el torneo intergaláctico (y la paga que el payaso de Satán le dio para que se dejara ganar en el combate post torneo).
Con un poco de tiempo tendrían hijos, los cuales serían muy bellos y extremadamente poderosos, como sus padres. Serían perfectos, y llegarían a lo más alto en todo.
Esa era su nueva ambición, junto con Gohan dominarían absolutamente todo, serían la familia con más influencia y dinero del mundo. Comprarían todo lo que quisieran, y lo que no pudieran comprar entonces lo conquistarían, porque se merecían todo y más.
Dieciocho sabía que no se aburriría ni de Gohan ni de su nueva vida. De hecho, parecía que poco a poco las cosas se estaban tornando más interesantes…
Los últimos días Gohan había estado excepcionalmente salvaje. Aun para sus propios estándares, la forma de comportarse tanto en el sexo como en lo cotidiano había cambiado un poco en el muchacho. Fue por ello que Dieciocho, con suspicacia, comenzó a sospechar que algo no andaba bien.
Su curiosidad había llegado al límite ese día, y es por eso que había decidido seguir al Saiyan.
La universidad de Gohan era gigantesca, Creía que le tomaría un rato hallarlo. Pero para su sorpresa, lo halló al aterrizar en el techo del edificio de la universidad.
“ ¡Gohan, para por favor! Ahh~ ¡Me partirás en dos!”
Abusando y penetrando por detrás a otra chica.
Cualquier otra mujer hubiese hecho un escándalo en una situación similar, pero Dieciocho no era cualquier mujer.
Escondida tras una pared observó fríamente la situación.
Gohan tenía a la chica contra el alambrado, sujeta por el cabello y la cadera. Ambos tenían sus ropas desalineadas, pero todavía puestas.
“¡Basta Gohan, no más, te lo suplico! ~” Gritaba la muchacha.
Dieciocho hizo una mueca de asco al escucharla gemir y decir el nombre de su hombre.
Claramente no era suficiente mujer para Gohan. Lo que la molestó un poco.
Su cabello estaba peinado en dos coletas, como si fuese una niñita, y es que su cuerpo la hacía parecerlo. La figura de sus senos se marcaba en su camiseta, pero el resto de su cuerpo era delgado y sin mucha silueta.
Gohan tapó su boca con su mano, lo que divirtió un poco a Dieciocho. A Gohan no le gustaba oír su voz tampoco.
Y por sus ojos incluso intuía que no estaba en lo más mínimo interesado en ella. No era ira lo que veía en los ojos del muchacho u odio como la primera vez que se vieron hace meses. No, Gohan miraba a esa chica con asco, tanto asco parecía tenerle que ni siquiera tocaba su cuerpo.
Sus sexos eran las únicas partes de sus cuerpos que mantenían contacto, excepto por la mano en la boca que la mantenía callada, el Saiyan quería tener el mínimo contacto con ella.
Dieciocho era fría y calculadora. Fue por eso que, aunque sí se molestó un poco al ver a su hombre con otra, prefirió analizar la situación. Su conclusión era que Gohan no estaba interesado en esa pequeña zorra.
Lo que le llevó a la pregunta ¿Por qué la estaba follando? Claramente no era por deseo ni por lujuria. El lenguaje corporal de ambos y las palabras que había dicho la muchacha previamente solo encaminaban a una sola respuesta: Gohan estaba abusando de ella.
Tampoco parecía la primera vez que lo hacían. Dieciocho estaba segura que una simple humana se desmayaría si tuviera a Gohan adentro de su vagina por primera vez. Los fluidos que caían por sus muslos eran clara señal de que la chica lo estaba disfrutando mucho.
Gohan en cambio se mostraba muy reacio. La miraba con asco, no la tocaba, ni siquiera gemía. Verlo así molestó a Dieciocho, si claramente le tenía asco… ¿Por qué la estaba violando? ¿Era esto una especie de castigo hacia la pequeña zorra?
Pese a que le disgustaba la desidia de Gohan mientras abusaba de aquella niñita, la imagen de la muchacha contra el alambrado llorando mientras Gohan la usaba como un objeto le gustaba muchísimo.
El poder para ella era todo. Gohan le fascinaba principalmente por su poder. El verlo así, violando a una débil y escuálida muchacha como si fuera nada, le parecía extremadamente sexy. Verdaderamente parecía el ser más poderoso de todos, tomando a aquella mocosa contra su voluntad solo porque sí.
“¡Ahh~! ¡Gohan, v-oy a-!”
Cuando por fin la rubia comenzaba a disfrutar de lo que veía, Gohan llegó al orgasmo.
Simplemente salió de la muchacha y se separó un poco. No le importó que esta cayera al suelo y se golpeara, o que ella también esté experimentando un orgasmo mucho más potente.
El saiyan tan sólo vertió su semen sobre ella, sin hacer ningún ruido, manchando el cabello, rostro e inclusive las ropas de la muchacha. Como si fuese una prostituta en un callejón de mala muerte.
Cuando por fin terminó, Gohan simplemente se subió los pantalones, arregló un poco su imagen y se marchó sin mediar palabra. La pobre muchacha se quedó tirada en el suelo, intentando recuperar el aliento y muy cansada como para levantarse.
Dieciocho sonrió complacida ante la actitud de Gohan y la imagen de la muchacha tirada, cubierta por su semen. Parece que esta no era la primera vez que a la niñita la dejaban tirada a su suerte. Interesante.
Todo lo que había visto hoy era interesante… Claramente había cosas que tenía que discutir con Gohan cuando llegara a casa. Algo era cierto…
No podía esperar.
“Hoy te ví” Confesó Dieciocho como si nada, antes de meterse el pene del muchacho en la boca con entusiasmo.
Sus movimientos eran muy sensuales y para nada toscos. Sin embargo, no podía tragar más de la mitad del pene del Saiyan.
Gohan gimió antes de responder “¿Qué?”
Dieciocho se atragantó a propósito con su pene. Sucios sonidos guturales salieron de ella antes de retirar el falo del muchacho de su boca, cubierto de saliva.
Recuperó el aire antes de volver a hablar “En la azotea, con la pequeña zorra. Te vi violarla” Soltó con calma la rubia, un ligero hilo de saliva unía su boca con el glande del chico. Con hambre comenzó a lamer y devorar los testículos del saiyan.
“Mierda” pensó el entre tanto placer “Ahora tiene sentido por qué esperó a que me bañara para hacer esto”
“,,,¿Estas enojada?”
Dieciocho no respondió, estaba muy ocupada llevándose a su boca sus testículos. Su mano izquierda masturbaba el pene del chico. Pronto los testículos del Saiyan quedaron cubiertos en saliva.
La rubia besó ruidosamente sus testículos, una y otra vez. Podía sentir los ojos de Gohan en ella, viéndola devorar sus genitales.
Besó por ultima vez esa zona antes de comenzar a besar la base de su pene. Su mano todavía lo masturbaba frenéticamente. Sus labios estaban irritados y su cara salivada, pero no le importó en lo más mínimo.
Sus ojos celestes se encontraron con los de él. Gohan se estremeció ante su mirada. Su semblante demostraba preocupación, y sin embargo se derretía con sus caricias.
“Cuando la dejaste tirada y te fuiste-” Se interrumpió a si misma para lamer varias veces su pene “Ah, La niña tardó un rato para ponerse de pie… Incluso se fue cojeando… Pobre zorra. Pero parecía satisfecha”
“N-no podría importarme menos”
“Lo sé” Dijo dieciocho, besando el glande del muchacho “Tengo curiosidad ¿Cuántas veces la has violado?”
“Dos veces… La de hoy fue la última” Gohan pudo haber dicho que no fue una violación, sin embargo, no lo dijo. Esperaba un reproche de la rubia, pero esta tampoco le dijo nada.
“¡Ahh!”
Dieciocho nuevamente se metió en su boca el pene del muchacho, haciéndolo gemir en todo lo alto.
Su cabeza se movía hábilmente, recorriendo la mitad del falo una y otra vez. Su lengua acariciaba el glande lenta y dulcemente.
Ruidos y saliva escapan de la boca de la rubia. En un renovado esfuerzo tragó lo más que pudo del pene de Gohan, más profundo que la última vez. Sintió el gusto de su liquido pre seminal (que sinceramente no sabía mal), su lengua seguía acariciando el pene del muchacho en su boca.
Se atragantó con su pene de nuevo, sus gemidos sucios de su garganta hicieron que el muchacho temblara del placer. Pero Dieciocho no quería que terminara, no todavía. Se estaba divirtiendo.
Al instante retiró el pene de su boca, escupiendo sobre él y masturbándolo con ambas manos.
“¿Lo disfrutaste?” Preguntó ella, sin quitar sus ojos de él.
Gohan quiso decir Si, pero sabía que la rubia no preguntaba sobre el fellatio que ahora mismo le estaba haciendo. Sino de lo sucedido hoy en la azotea de su universidad.
“No, en ningún momento”
“¿Entonces por qué?”
“La perra quiso sobornarme” Le resultaba difícil hablar teniendo a Dieciocho entre sus piernas, lamiendo su pene, desaforada “Ese era su castigo por intentar sobornarme.”
Dieciocho no habló, pero sus ojos la miraban curiosa. Ya no estaba tan entretenida con su pene, solo lo masturbaba lentamente, y Gohan la conocía lo suficiente como para interpretar su mirada. Quería que le explicara.
“Se llama Videl, es una compañera de mi clase. Parece ser que un día me vio volando. Estuvo espiándome desde entonces. De hecho, noté que me estuvo espiando desde que llegué, pero creí que no haría nada. Pero días atrás me enfrentó, y me preguntó si yo había sido el niño que se enfrentó a Cell años atrás… Intenté negarlo, pero no sirvió de nada, la mocosa estaba segura de lo que decía. También me había visto volar... Parecía obsesionada.”
Dieciocho había vuelto a entretenerse con su pene, pero seguía escuchándolo.
“Amenazó con contarle a todo el mundo todo eso si no hacía lo que ella pedía.” La rubia gruñó con su pene metido en su boca “Me exigió que le enseñase a volar y la entrenara en artes marciales… Me molestó mucho, muchísimo que una hormiga como ella me exigiera algo así, estaba furioso. Mi sangre me incitaba a que tome venganza por su atrevimiento. Así que para desquitarme hice… Eso”
“Pero no sirvió mucho”
“No, hoy volvió a enfrentarme, por lo que de nuevo tuve que hacerlo… ¿Estás molesta conmigo?” Preguntó nuevamente el muchacho
“Demonios, Gohan” Gruñó ella, poniendo sus ojos en blanco “¿Puedes dejar de ser un imbécil por solo UN segundo? Estoy aquí, literalmente chupando tu pene como una perra por primera vez desde aquella vez, y hablando de esa tal Videl contigo ¿Me ves molesta? Créeme, si lo estuviese ya habría arrancado tu pene con mis propios dientes.”
“…Buen punto”
“Aun así, eso no quite que sí esté molesta con la situación, y sobre todo con esa tal Videl…” Dijo, masturbando al Saiyan con más vigor “¿Quién mierda se cree esa zorra para exigir algo y peor, sobornartea ti?”
“Eso pensé, tuve que ponerla en su lugar. Nadietiene derecho a ordenarme o decirme qué hacer.”
“Excepto yo.” Dijo seria la rubia.
Gohan se quedó callado, desviando su mirada. Un pequeño rubor apareció en sus mejillas.
Una mueca de satisfacción apareció en la rubia por su reacción, pero duró un segundo.
“Esa niñata, y todavía con que la hallas abusado parece que no aprendió…” La rubia mordió sus labios. “Alguien tiene que ponerla en su lugar. Gohan, hay que castigarla.”
“Eso quise hacer, pero parece que no sirvió ¿Qué quieres que haga?”
La rubia no se lo pensó dos veces.
“Tráela aquí. Vamos a torturarla y enseñarle cuál es su lugar, abusaremos de ella de las peores formas posibles. Nadie, absolutamente nadie intenta sobornar a mi hombre y salir impune. Quebraremos su espíritu, la perra será nuestro nuevo juguete.”
La rubia volvió a engullir su pene con pasión y presteza. Sus movimientos eran más profundos que nunca, a pocos centímetros de poder tomarlo todo.
“¡Ahh!” Gimió Gohan “S-si lo dices de esa manera, me veo más que obligado a hacerte caso” Su mano se posó en la nuca de la rubia, empujando su cabeza e invitando a que engullera todo su pene “Por cierto… ¿Ahora soy tu hombre?” Preguntó burlón.
La rubia se ruborizó avergonzada, pero no respondió. No solo porque estuviese ocupada, sino porque tampoco lo quería.
Aunque sobraban las palabras, ya ambos sabían la respuesta.