Mérida tardó dos años en suceder.
Durante ese tiempo recibí mensajes de personas interesadas en reunirse, conocer a otros nudistas y construir algo propio. Sobre el papel parecía sencillo. En la práctica implicaba comprar un boleto de avión, viajar sola a una ciudad donde no conocía a nadie y confiar en que las personas que escribían en los chats también aparecerían en la vida real.
En realidad yo no fui la primera en intentarlo. Un año antes, Angy y yo habíamos organizado una convivencia en un cenote. Fueron cuatro personas. Puede parecer poco, pero cuando no existe una comunidad organizada, cuatro personas ya son una semilla.
Cuando finalmente nos reunimos descubrí algo interesante. Muchos participantes ya se conocían entre sí. Habían existido encuentros esporádicos organizados por distintas personas, casi siempre aprovechando vacaciones o coincidencias. Lo que no existía era la idea de que podían formar un grupo propio. Algunos incluso pensaban que necesitaban autorización de alguna federación para reunirse.
Mi trabajo fue de constancia durante esos años. Abrir un chat, reunir interesados, fijar una fecha, encontrar un espacio adecuado y asumir el riesgo de que funcionara. La cuota del evento cubrió el local y alguna comida, pero lo que más recuerdo no tiene que ver con dinero.
Recuerdo a quienes me invitaron a comer, a quienes me acompañaron de regreso al hostal y la tranquilidad de dejar de sentirme sola en una ciudad desconocida. Al terminar la convivencia envié las fotografías, siempre tomadas con consentimiento previo, y entregué la administración del grupo a personas locales.
Para mí esa parte es importante. No se trata de crear comunidades dependientes de Nudistasmx. Se trata de que aprendan a sostenerse por sí mismas. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Organizaron nuevas actividades, escribieron sus propios reglamentos y construyeron su propia identidad.
Tanto así que ahora, un año después, regreso a Mérida porque será punto de encuentro rumbo a Campeche y descubro que ya no puedo entrar al chat original. Según me explica la administración, los participantes votaron para mantenerlo así.
Confieso que la noticia me produjo una mezcla extraña de sorpresa, desilusión y curiosidad. Pero quizá esa también sea una señal de éxito. Las comunidades, como los hijos, terminan tomando decisiones que ya no nos corresponden. Ahora toca escuchar las razones y entender qué camino eligieron recorrer.